Y se marchó

Hay algo que por mucho que trato de desencriptar, de contestarme a mi mismo, nunca he llegado a entender: ¿cómo es posible que la gente critique cualquier práctica sexual en la que una de las dos partes recibe voluntariamente golpes, vejaciones o insultos, y después voten sin despeinarse a la izquierda española?, ¿no es algo contradictorio atacar a los que utilizan látigos y grilletes para alcanzar el clímax sexual pero después, cuando se lo permiten, volver a colocar en el poder, y en un altar, a los mismos que una y otra y otra vez se dedican a ponerlos a cuatro patas para dejarles las posaderas para el arrastre?

¿Sois tontos u os gusta que todos sepamos que no valéis ni para escupiros en la cara?

Y es que la única explicación posible que le veo a esta hipocresía tangible como la peor de las cuchillas oxidadas es que todos esos parásitos sin cerebro que aplauden a los mismos que siempre, SIEMPRE, les hunden en la más pútridas de las cloacas, en el fondo son profundamente amantes de que les hagan sufrir, pasar hambre y miseria. Que les gusta sentirse flagelados por los mismos que les mienten todas y cada una de las veces y que, además, les convierten con sus políticas liberticidas en poco menos que amebas sin ideas propias que escapen de lo que una pancarta dibujada por un bebé sin brazos lleva escrita.

Porque no hay peor esclavo que aquel aplaude a su captor, y mejor votante que el que utiliza su derecho constitucional para acabar peor de lo que estaba por una falsedad tan grande como “mejor que me peguen los míos que los otros”.

Y ahora, hablemos de Salvador Illa.

Hemos tenido un gran número de ministros mancos para sus tareas, payasos sin razón de ser que lo único que han conseguido con sus gestiones es ser los más ricos del agujero en el que después se esconden de la opinión pública por miedo a represalias, pero lo de este ser no tiene nombre. Bueno sí, pero no me apetece que me hundan la web. Porque robarnos a manos llenas con las compras de mascarillas y de test mediante empresas con intermediarios donde había amigos suyos, decirnos un día una cosa y otro otra creando una alarma social y un miedo profundo a lo que nos iba a pasar, inventarse un grupo de expertos y reconocer su mentira y después volver a nombrarlos como referentes, defender al Simón y sus almendras grandes como melones, y que después, encima, quiera escaparse de su cargo a toda prisa y en plena tercera ola, con los contagios por las nubes sobre todo en las autonomías presididas por el PSOE, para poder ser el presidente de la Generalitat, pues que queréis que os diga, ¿que en un país normal, de esos donde la gente piensa y no está poblado por un atajo de incultos sin lecturas a sus espaldas o un mínimo de capacidad de razonar qué pasa a su alrededor o comprender las consecuencias de sus actos, este hombre estaría entre rejas o apalizado en un callejón? Pues os lo digo.

Y es que no tenemos solución. O mejor esto lo afirmaré en un largo artículo cuando se confirme que en las elecciones de Cataluña este impresentable se alce como el ganador, consiguiendo que mucha gente pase del independentismo y de Podemos y apueste por el PSOE, lo que solamente podrán explicar estos becerros con la estupidez más grande que el señor Redondo ha inventado: “al hacer esto estaremos deteniendo a la extrema derecha, y eso es lo que importa”. A ver, gilipollas, ¿sabéis acaso por qué estáis llamando a Vox “extrema derecha”?, ¿tenéis una sola prueba más allá de lo que os han contado u os han dicho que han hecho o dicho?; y vuelvo a recalcar en lo mismo para los más lerdos: YO NO ESTOY CON VOX. Es más, no estoy con absolutamente nadie, y por eso pienso no volver a votar en estas elecciones porque ninguno tiene ni un mínimo de confianza por mi parte para poder recibir mi voto, pero eso no quita que a las cosas me guste llamarlas por su nombre, como al moños comunista, a la marquesa señora de, o al presidente egocéntrico, y hay una larga lista de razonamientos y de pruebas que demuestras que estos tres SON esto que digo (para empezar porque ellos mismos lo han reconocido o demostrado con sus actos y declaraciones), ¿pero darle poder a Illa tras todo lo que ha hecho, tras todas las mentiras y falsedades y una gestión que ha costado la vida a algún conocido vuestro, sólo porque “hay que parar a la extrema derecha” sin siquiera poder decirme ni una sola cosa que los catalogue claramente como tales? Eso es de ser idiota a niveles superados únicamente por ZP.

Porque él se marchará, y todos lo harán algún día gracias a Dios, pero el pasado es algo de lo que no podemos escapar, ni siquiera borrar como lo están intentando hacer con la ley memoria histórica (por cierto, ¿dónde está Carmen Calvo?), y por mucho tiempo que pase o podios que logre subir, nunca, nadie, olvidará que en 2020 fue Salvador Illa el que gestionó una de las situaciones más graves de nuestra historia reciente, y que fuimos LOS PEORES haciéndolo en TODO EL MUNDO.

Ahora ve a las urnas y coge su papeleta, ¿o te vas a atrever a comprender de una vez por todas que ninguno de ellos va a sacarnos del problema?

Nos vemos el 15 de febrero… porque el 16 o 17 nos van a confinar muy duramente: ¿apostamos?

2 comentarios en «Y se marchó»

  1. Soy de Madrid y residente en esa comunidad. Y aún así, me alegro de no vivir en Cataluña, comunidad a la que aprecio mucho por motivos personales. No me gusta Ayuso, respeto a Almeida y nunca los votaré. Pero lo vuestro es para echar a llorar. Tendréis a Illa, Ada Colau y el señor Rufián dando por saco y encima no contáis con que ni siquiera Ferreras se apiade de vosotros. Porque son de izquierdas y eso es “in” “lo más” y pueden salir a la calle “ante el fascismo”. Chúpate un pie. Gracias Manuel. Sigue agitándonos, que buena falta nos hace.

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  2. Es evidente que la vergüenza torera de los políticos se ha perdido. Alguien con un mínimo de principios y que pase a la historia por formar parte de uno de los peores desfgobiernos que ha tenido ese país en su historia democrática jo debería abandonar el barco en plena crisis y mucho menos hacerlo para ser posible futuro presidente de una Comunidad Autónoma. Con ello se define como rata que abandona el barco y que quiere seguir siendo el virrey de su terruño. Solo por eso el rechazo de la sociedad debería condenarle al mayor ostracismo. Pero además se intenta dar la vuelta a su estampida como mal necesario para atajar la crecida de un adversario de signo totalmente contrario y opuesto como si fuera la panacea de todos los
    males …. a mi me daría más miedo ver a un incompetente demostrado y además falsario en un puesto de poder. Y el argumento de es que si no nos va a gobernar la ultraderecha …. ese no me sirve. Me sirve la reflexión cabal de quien decide que no está representado por nadie y no entra en el circo democrático. Señores … con las urnas vacías no les quedaría más remedio que irse a sus casas y eso es lo mejor que nos podría pasar con todo lo que significa no tener gobernantes. Pero es que ya está bien de premiar a los nefastos y mediocres

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